
Cuando Barcina decidió, hace algún tiempo, colorear de azul el agua de la fuente de Merindades, pensamos que entraba dentro de la lógica natural de las cosas. Una alcaldesa que pone las banderas a media asta en Viernes Santo, que no se pierde una procesión ni ocasión de celebrar cualquier cosa con una misa, tan cercana ella al espíritu inmortal de la Ejpaña una, grande y libre, es normal que tenga querencia por el azul.
Pero, vaya usted a saber, igual nos ha tenido engañados. Porque desde hace unos días el agua de la susodicha fuente surge de un rojo esplendoroso. Y no sólo eso. Si se fijan en la composición de la jardinería, la fuente está rodeada de tres franjas de flores de color rojo la primera, amarillo la segunda (hasta aquí nada inesperado)... y ¡morado! la tercera. ¡Si aún habrá que poner la cara de Barcina en las alegorías de la República Española!
P.S. ¿Cómo se llamaría ahora la plaza de Merindades si Barcina hubiera sido alcaldesa cuando se le cambió el nombre? Yo propongo General mola, pero mola más capitán general. Total, el TAN pecha con todo...