
Lo curioso del asunto es que dejaron uno contra la huelga, firmado por ese engendro denominado SAIN, que a una denominación aparentemente progresista une un ideario ultraderechista (rasgo característico, por otra parte, de ese tipo de organizaciones) y tiene predilección por amargar las mañanas de los sábados a los vecinos y viandantes de Carlos III.
Me cuesta un enorme esfuerzo hacer el caldo gordo a dos sindicatos que constituyen uno de los más firmes puntales del gobierno de UPN y de la negación del cambio político en Navarra, pero seré el primero en defender su capacidad y libertad de expresión.