
Prodigalidad. Dadivosidad. Tales son los calificativos que mejor cuadran a Roberto Jiménez tras su brillante y cruda negociación presupuestaria. Semanas de amagos, de amenazas crispadas, de ultimátums, en suma, de brindis al sol que ni él mismo se creía (y si se los creía es que tiene un problema), para concluir que quizá, tal vez, acaso, pudiera ser que, según como vayan las cosas y si van como Miranda ha decidido que deberían ir para que se diera el caso, se incrementaría el presupuesto de Navarra... ¡en veinte (20) millones!, esto es, aproximadamente un
0,4% del gasto inicial previsto.
Para entendernos, viene a ser como si nos presentan en un restaurante una cuenta de 100 euros y prometemos al camarero una propina de 50 céntimos, supeditada a que el año que viene nos suban el sueldo. Jiménez ha inventado la
propina sub conditione. Muy propio, dicho sea de paso, de los derroteros por los que transita desde hace años el sedicente socialismo español.
También el creativo Miranda tendrá que explicar cómo se va a decidir de aquí al 31 de diciembre un gasto, según como vayan los ingresos fiscales del próximo año...
El mismo Miranda que, por cierto, ha dejado bien claro el jueguecito que se traen en el seno de UPSN al reconocer que el presupuesto se elabora «sabiendo que algo se tiene que enmendar» y que la UPNA «debe verse mejor en su financiación respecto a lo que está puesto en el presupuesto». Es decir, el Gobierno hace mal el presupuesto a propósito (obviemos ahora la parte que hace mal sin querer, por pura estulticia), para ver si cuela o para dejar que sus amiguitos de la
férrea-oposición-responsable-por-la-estabilidad-institucional-y-qué-hay-de-lo-mío puedan colgarse alguna medallita (les da igual que sea de latón, son de buen conformar). Así nos va...